Manifestaciones, marchas, disturbios, ¿vandalismo?
La semana pasada Bogotá fue epicentro de una gran movilización, en un principio pacífica y a favor del “Paro Agrario, Minero y Popular”, en donde diferentes personas y gremios, desde campesinos que llegaban a la capital desde diferentes lugares de Colombia hasta estudiantes y trabajadores, pretendían realizar una movilización masiva para hacerse escuchar frente a la problemática de los TLC, la Resolución 970, y los diferentes temas de coyuntura en el país como la educación, la minería transnacional entre otros.
Si bien, salir a marchar o manifestarse debe ser considerado como un derecho fundamental para toda la ciudadanía y es un comportamiento normal dentro de una sociedad ya que es una forma de exteriorizar la inconformidad frente a políticas puestas en práctica por el Gobierno, consideramos que estas han venido perdiendo legitimidad, se han vuelto repetitivas y monótonas, se han convertido en un lugar para que diferentes grupos promulguen sus tendencias políticas y sociales, se ha convertido en un espacio que evidencia la guerra y violencia que llevamos a cuestas desde hace varias décadas como país.
El pasado 29 de Agosto se vio en un principio el apoyo de la ciudadanía al sector agrario, hubo una gran concientización de la ciudadanía, no sólo en las calles, sino también en las redes sociales, muchas personas que nunca habían reflexionado sobre este tipo de problemáticas lograron enterarse y difundir información y esperamos que esto no sea una “moda” sino que convierta en una preocupación generalizada como país agrario que somos; pero en medio del caos que se vivió en la capital, en el que se tornó una “marcha de convocación nacional” cuyo fin era visibilizar una problemática, nos preguntamos si como Nación sabemos diferenciar entre "manifestación" y "disturbios". La diferencia radica en el grado de violencia de estas, a partir de esta diferencia, al parecer poco perceptible para la sociedad colombiana, las "marchas" entrecruzan sus dos subdivisiones haciendo que parte de la población se manifieste y la otra realice disturbios, como los que se vieron ese día, no sólo en el centro de la ciudad, sino en diferentes localidades y barrios de Bogotá, en los que la violencia tomó el protagonismo, se olvidaron los ideales y se le dio rienda suelta a la anomia del pueblo.
En este grupo, las posiciones en cuando a si asistir o no a una marcha están divididas: por una parte (y en su mayoría), estamos de acuerdo en que es bueno apoyar estas nociones, siempre y cuando se hagan de una forma pacífica, pensando en el bien común; por otro lado, se tiene ya un preconcepto de desorden, en el cual apoyar una marcha, es exponerse a la violencia evidenciada en marchas anteriores (por parte de manifestantes y fuerza pública) y de las cuales no queda nada más que desorden y ciudades destruidas, los cambios por parte del Gobierno son mínimos, y muchas veces la magnitud del problema es reducida.
Sacar una conclusión en estos temas es difícil, decidir si las manifestaciones tienes efectos positivos o negativos no es cosa de una día o de una “marcha” , la pregunta aquí sería: ¿En realidad sabemos los colombianos cómo manifestarnos?, ¿será que es más fuerte la carga violenta que llevamos desde tiempos inmemorables que la unidad de un pueblo para exigir justicia e igualdad? Reflexionemos.
Feliz día.
“La guerra es una masacre entre personas que no se conocen, para beneficio de gente que si se conoce y no se masacra” Paul Valery.
La semana pasada Bogotá fue epicentro de una gran movilización, en un principio pacífica y a favor del “Paro Agrario, Minero y Popular”, en donde diferentes personas y gremios, desde campesinos que llegaban a la capital desde diferentes lugares de Colombia hasta estudiantes y trabajadores, pretendían realizar una movilización masiva para hacerse escuchar frente a la problemática de los TLC, la Resolución 970, y los diferentes temas de coyuntura en el país como la educación, la minería transnacional entre otros.
Si bien, salir a marchar o manifestarse debe ser considerado como un derecho fundamental para toda la ciudadanía y es un comportamiento normal dentro de una sociedad ya que es una forma de exteriorizar la inconformidad frente a políticas puestas en práctica por el Gobierno, consideramos que estas han venido perdiendo legitimidad, se han vuelto repetitivas y monótonas, se han convertido en un lugar para que diferentes grupos promulguen sus tendencias políticas y sociales, se ha convertido en un espacio que evidencia la guerra y violencia que llevamos a cuestas desde hace varias décadas como país.
El pasado 29 de Agosto se vio en un principio el apoyo de la ciudadanía al sector agrario, hubo una gran concientización de la ciudadanía, no sólo en las calles, sino también en las redes sociales, muchas personas que nunca habían reflexionado sobre este tipo de problemáticas lograron enterarse y difundir información y esperamos que esto no sea una “moda” sino que convierta en una preocupación generalizada como país agrario que somos; pero en medio del caos que se vivió en la capital, en el que se tornó una “marcha de convocación nacional” cuyo fin era visibilizar una problemática, nos preguntamos si como Nación sabemos diferenciar entre "manifestación" y "disturbios". La diferencia radica en el grado de violencia de estas, a partir de esta diferencia, al parecer poco perceptible para la sociedad colombiana, las "marchas" entrecruzan sus dos subdivisiones haciendo que parte de la población se manifieste y la otra realice disturbios, como los que se vieron ese día, no sólo en el centro de la ciudad, sino en diferentes localidades y barrios de Bogotá, en los que la violencia tomó el protagonismo, se olvidaron los ideales y se le dio rienda suelta a la anomia del pueblo.
En este grupo, las posiciones en cuando a si asistir o no a una marcha están divididas: por una parte (y en su mayoría), estamos de acuerdo en que es bueno apoyar estas nociones, siempre y cuando se hagan de una forma pacífica, pensando en el bien común; por otro lado, se tiene ya un preconcepto de desorden, en el cual apoyar una marcha, es exponerse a la violencia evidenciada en marchas anteriores (por parte de manifestantes y fuerza pública) y de las cuales no queda nada más que desorden y ciudades destruidas, los cambios por parte del Gobierno son mínimos, y muchas veces la magnitud del problema es reducida.
Sacar una conclusión en estos temas es difícil, decidir si las manifestaciones tienes efectos positivos o negativos no es cosa de una día o de una “marcha” , la pregunta aquí sería: ¿En realidad sabemos los colombianos cómo manifestarnos?, ¿será que es más fuerte la carga violenta que llevamos desde tiempos inmemorables que la unidad de un pueblo para exigir justicia e igualdad? Reflexionemos.
Feliz día.
“La guerra es una masacre entre personas que no se conocen, para beneficio de gente que si se conoce y no se masacra” Paul Valery.
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